La fotografía concentra nuestra mirada en la superficie. Por esta razón enturbia la vida oculta que trasluce a través de los contornos de las cosas como un juego de luces y sombras. Eso no se puede captar siquiera con las lentes más penetrantes. Hay que buscarlo a tientas con el sentimiento (…).
Esa cámara automática no multiplica los ojos de los hombres sino que se limita a brindar una versión fantásticamente amplificada de una mirada de mosca.
Fragmento del libro: Conversaciones con Kafka